La piel es continúa, lisa, suave, resistente, flexible, elástica, tersa, extensible, turgente y húmeda, si bien estas características varían de persona en persona y de acuerdo al grupo étnico.

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Las células de la piel nacen, maduran y mueren, para ser reemplazadas por nuevas células, en un ciclo que se repite cada seis semanas.  Con el envejecimiento, este proceso empieza a fallar y en consecuencia la piel adquiere una textura áspera, aparecen manchas, se pierde la firmeza y tonificación de la piel, y empiezan a marcarse las líneas de expresión y a darse todos síntomas del envejecimiento de la piel.

La verdadera forma de rejuvenecer la piel es lograr un cambio a nivel de las células, es decir, tenemos que ayudar a la piel a renovar las células dañadas y así recuperar una piel sana. Para ello, podemos proporcionar la estimulación adecuada a través de varios tratamientos.